Era caos y decadencia, con rastros de inseguridades colgando de sus labios, y le amaba, incluso en esas noches donde mi almohada y la suya dejaban de coincidir en sueños. Era tristeza repentina, una ruleta de amor , la herida que dolía pero me hacia olvidar a las demás, era todo eso que dejas atrás mientras subes a un taxi después de la despedida 339. 

Era los 52 besos de pies a cabeza, la urgencia del siguiente abrazo, las calles recorridas atiborradas de telarañas del recuerdo, pero sobre todo las calles sin recorrer, hoy repletas aun de la esperanza de encontrarnos.

Era o  aún es el tiempo que no me pasa, la tristeza, las ganas, mi sonrisa que no vuelve, la esperanza.

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