Salida de emergencia de un corazón reconstruido.

Sepa usted que lo mejor que puede pasar es que tire de la puerta después de ver las cicatrices. Para que cuando nos llegue esta despedida, anticipada – como todas las que nos rehusamos a creer-  mire el camino sin remordimiento alguno de que me pierdo otras veredas.
Y como recomendación ya le digo hoy mismo; corte por la segura, empiece con los abrazos cortos y las huidas prontas, sepa que es lo mejor, para que entonces deje de preguntarme cuantos besos nos sobrarán para darnos cuenta que no eramos el uno para el otro. 
No deambule caminando aquí auto convenciéndose que aquello que roza no es tristeza – herida que ni usted ni yo queremos cargar más pero ahí sigue– y si puede hágalo pronto, que el portazo retumbe hasta las cavidades en las que hoy me encierro, para así no volverle a abrir la puerta jamas. 
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